18/02/2026
El mobiliario, a menudo considerado simple objeto funcional o decorativo, guarda en ocasiones historias insospechadas, leyendas que se tejen con el paso del tiempo y la imaginación popular. En un rincón discreto de una sala dedicada al siglo XVI en el Museo Provincial de Valladolid, se esconde un asiento que, a primera vista, podría pasar desapercibido. Sin embargo, este mueble de madera de nogal y cuero lleva consigo una leyenda tan oscura y perturbadora que ha ganado el apodo del Sillón del Diablo. Su mera presencia evoca relatos de pactos infernales, sabiduría prohibida y muertes inexplicables, convirtiéndolo en una de las piezas más enigmáticas y temidas de la colección.

La historia de este particular sillón está intrínsecamente ligada a la figura de su primer propietario conocido, el médico Andrés de Proaza. Proaza era un joven portugués con una insaciable curiosidad por la medicina y, en particular, por la anatomía humana. Llegó a Valladolid en el siglo XVI para estudiar y fue discípulo de Alonso Rodríguez de Guevara, una figura relevante que tuvo el mérito de establecer la primera cátedra de anatomía en España, precisamente en la Universidad de Valladolid. En aquella época, la disección de cuerpos humanos era una práctica incipiente y sujeta a permisos reales, lo que añadía un aura de misterio y fascinación a quienes se dedicaban a ella.
El Médico, la Desaparición y el Horrror en el Sótano
A pesar de su conexión con un pionero de la anatomía, Andrés de Proaza no gozaba de buena reputación entre sus contemporáneos. Se rumoreaba, quizás alimentado por su origen judío o por la naturaleza macabra de su objeto de estudio, que sus conocimientos trascendían el mero estudio académico y se debían a artes más oscuras, a un pacto con el mismísimo Diablo. Las habladurías sobre Proaza eran escalofriantes, llegando a afirmar que materializaba los deseos de Satán en cuerpos humanos, una acusación que presagiaba el horror que estaba por descubrirse.
El punto de inflexión en la vida de Proaza y en la historia del sillón llegó con la desaparición de un niño de tan solo nueve años. El suceso ocurrió cerca de la calle Esgueva, curiosamente, muy próxima a la casa que Proaza había alquilado. Los vecinos, alertados por una serie de indicios perturbadores, comenzaron a sospechar. Desde el sótano de la vivienda del joven médico, que daba a la calle Solanilla, se oían llantos y ruidos extraños, gemidos que rompían la calma de la noche. Pero lo que realmente encendió las alarmas fue la aparición de restos de sangre que, saliendo por el desagüe de la casa, teñían de rojo las aguas de un ramal del río Esgueva. Esta macabra evidencia llevó a los vecinos a alertar a las autoridades, quienes no tardaron en iniciar una investigación.
Lo que los investigadores encontraron al irrumpir en el sótano de Proaza superó cualquier expectativa de horror. La escena era dantesca: sobre una mesa de madera yacía el cuerpo del niño desaparecido, horriblemente mutilado. Había sido despedazado, y sus órganos internos se encontraban dispersos a su alrededor. La autopsia, según los rumores, había sido practicada en vida. Para colmo, el sótano también contenía los cadáveres diseccionados de perros y gatos, sugiriendo que el médico experimentaba sin reparos.
La Confesión y la Silla Encantada
Atrapado en medio de la espeluznante escena, Andrés de Proaza confesó su responsabilidad entre sollozos. Pero su confesión no se limitó a admitir los hechos; introdujo un elemento sobrenatural que daría origen a la leyenda. Declaró tener un pacto con el Diablo, una alianza maligna que, según él, se había manifestado a través de la silla de su escritorio. Proaza afirmaba que, al sentarse en aquel mueble, entraba en un estado de trance, una especie de éxtasis oscuro en el que percibía fenómenos sobrenaturales. En este estado alterado, era capaz de escribir textos macabros de nigromancia o detalladas instrucciones sobre cómo realizar autopsias a personas vivas. Según su propio relato, el Diablo se comunicaba con él a través del sillón, prometiéndole a cambio de sus atroces actos la sabiduría total en el campo de la medicina.

La Inquisición, que rápidamente tomó parte en la investigación debido a las implicaciones de brujería y pactos demoníacos, torturó a Proaza para obtener más detalles. Aunque el médico negó repetidamente haber hecho un pacto directo con el Diablo, sí mantuvo la vinculación de la magia negra con la silla. Confesó que el sillón, fabricado en madera de nogal con respaldo y asiento de cuero decorado con motivos florales, lo había recibido como regalo en 1527 de un nigromante, una persona que supuestamente invoca a los espíritus para predecir el futuro.
El Destino de Proaza y el Legado del Sillón
Como era previsible en aquella época, Andrés de Proaza fue condenado por el tribunal de la Santa Inquisición a morir en la hoguera. Tras su ejecución, sus bienes fueron puestos a subasta pública. Sin embargo, la macabra reputación del médico y la vinculación de su mobiliario con la magia negra hicieron que nadie se atreviera a adquirir sus pertenencias, especialmente el sillón. Así, el enigmático asiento, rechazado por el público, acabó formando parte de la colección de objetos de la Universidad de Valladolid.
Pero incluso dentro de los muros académicos, el sillón no encontró un descanso tranquilo. Conscientes de la leyenda y del temor que inspiraba, las autoridades universitarias no lo colocaron en un lugar de uso común. Durante un tiempo, el sillón se mantuvo fijado a la pared de la sacristía de la Capilla Universitaria, en una posición invertida (boca abajo) y a una altura considerable. El propósito era claro: evitar que nadie cometiera la imprudencia de sentarse en él, como si la mera acción de posarse sobre su cuero pudiera despertar las fuerzas oscuras a las que supuestamente estaba vinculado.
Las Muertes Misteriosas y la Maldición del Sillón
La leyenda, sin embargo, persistió y se alimentó de nuevos sucesos. Se cuenta que el sillón llevaba consigo una maldición: aquel que no fuera estudiante o profesional de la medicina y se sentara en él, moriría de manera fulminante, a la tercera vez que lo hiciera. Esta historia, que podría parecer una simple superstición, cobró fuerza con relatos de muertes inexplicables.
A finales del siglo XIX, la Universidad fue escenario de dos fallecimientos que reavivaron el mito. Dos bedeles, empleados que no estaban relacionados con la medicina, supuestamente se sentaron en el sillón por curiosidad o desconocimiento y, al poco tiempo, aparecieron muertos. Años después, durante unas obras en la Universidad, un albañil, ajeno a la leyenda, también se sentó en el mueble y, poco después, falleció. Estas muertes, ocurridas en un lapso relativamente corto, consolidaron la creencia popular en la maldición del Sillón del Diablo y su vínculo con la muerte para aquellos no iniciados en las artes médicas.
El Sillón Hoy: Del Temor a la Curiosidad Museística
Actualmente, el famoso Sillón del Diablo ya no se encuentra escondido en la sacristía universitaria. Ha sido trasladado y está expuesto al público en el Museo Provincial de Valladolid, concretamente en el Palacio de Fabio Nelli. La pieza, fabricada en madera de nogal y con sus característicos respaldo y reposabrazos de cuero, se presenta como un objeto histórico con una leyenda asociada. Para disuadir a los visitantes de la tentación de sentarse y, quizás, para mantener viva la narrativa de precaución, el sillón suele estar delimitado por una cinta roja, una advertencia silenciosa que recuerda la tenebrosa historia que lo envuelve.

Su presencia en el museo lo convierte en un punto de interés para aquellos fascinados por las leyendas urbanas, la historia de la medicina y los misterios sin resolver. Aunque hoy es una pieza de exposición, la leyenda persiste, invitando a la reflexión sobre los límites del conocimiento, la moralidad y la influencia de las creencias populares a lo largo de los siglos. ¿Se atreverá algún estudiante de medicina moderno a poner a prueba la otra parte de la leyenda, aquella que promete sabiduría a quienes sí están destinados a la profesión?
Otras Sillas y Puentes con Nombres Diabólicos: Comparando Leyendas
Es interesante notar que el Sillón del Diablo de Valladolid no es el único objeto o lugar en el mundo asociado con el maligno. Existen otras leyendas similares que involucran pactos o la figura de Satán en la construcción o posesión de objetos. Un ejemplo notable es la "Silla del Diablo" en Roma, aunque su naturaleza es completamente diferente.
Comparativa: Sillón del Diablo de Valladolid vs. Silla del Diavolo de Roma
| Característica | Sillón del Diablo (Valladolid) | Silla del Diavolo (Roma) |
|---|---|---|
| Tipo de Objeto | Mueble (Sillón/Silla) | Ruina arquitectónica (Sepulcro) |
| Origen Legendario | Regalo de nigromante, vinculado a pacto con el Diablo y experimentos médicos. | Forma de la ruina que recuerda a una silla, asociada a fuegos nocturnos que daban reflejos rojizos. |
| Ubicación Actual | Museo Provincial de Valladolid, España. | Plaza Helio Callistio, Roma, Italia (la ruina en sí). |
| Propietario Original | Médico Andrés de Proaza (siglo XVI). | Helio Calistio, liberto de Adriano (siglo II). |
| Naturaleza de la Leyenda | Mueble que induce trance, comunicación diabólica, muertes por sentarse. | Ruina que por su forma y uso como refugio adquirió un nombre popular. |
| Periodo Histórico | Siglo XVI (época de Proaza). | Siglo II (construcción), nombre popular posterior. |
La comparación revela que, si bien ambos comparten un nombre similar asociado al Diablo, sus orígenes y las leyendas que los rodean son muy distintas. El de Valladolid es un mueble específico con una historia directa ligada a una persona y sus supuestos actos, mientras que el de Roma es una antigua estructura funeraria cuyo nombre popular parece derivar más de su apariencia ruinosa y el uso que se le dio a lo largo del tiempo. Ambas, sin embargo, demuestran la capacidad humana para asociar lo inexplicable o lo temido con figuras demoníacas.
Otro ejemplo mencionado en el contexto de leyendas similares es el Puente del Diablo, como el Puente del Común en Cundinamarca, Colombia. En este caso, la leyenda narra un pacto con Satanás para construir el puente rápidamente a cambio del alma del constructor, un tema recurrente en el folclore de diversas culturas. La astucia humana logra engañar al Diablo, quien deja una marca física (una supuesta pata estampada) como rastro de su derrota. Estas narrativas, aunque diferentes en los detalles, comparten el elemento común de un pacto con el Diablo para obtener algo (conocimiento, rapidez en la construcción) y la posterior lucha o engaño para evitar el pago del alma. El sillón de Valladolid encaja en este patrón al involucrar un supuesto pacto a cambio de conocimiento médico.
Preguntas Frecuentes sobre el Sillón del Diablo de Valladolid
La leyenda del Sillón del Diablo genera muchas preguntas entre quienes la conocen. Aquí respondemos a algunas de las más comunes:
¿Es real el Sillón del Diablo?
Sí, el mueble existe y es una pieza histórica del siglo XVI. Se encuentra expuesto en el Museo Provincial de Valladolid, España. La leyenda que lo rodea es parte del folclore y la historia oral, pero el objeto físico es auténtico.
¿Dónde se puede ver el Sillón del Diablo?
Actualmente, el sillón está expuesto en el Museo Provincial de Valladolid, ubicado en el Palacio de Fabio Nelli en Valladolid, España.

¿Por qué se llama el Sillón del Diablo?
Recibe este nombre por la leyenda que lo asocia con el médico Andrés de Proaza, quien supuestamente lo recibió de un nigromante y afirmaba que el Diablo se comunicaba con él a través del sillón, induciéndolo a cometer actos terribles a cambio de conocimiento médico.
¿Es peligroso sentarse en el sillón?
La leyenda cuenta que sentarse en el sillón si no se es estudiante o profesional de la medicina puede causar la muerte. Sin embargo, esta es una creencia popular. Hoy en día, el sillón está en un museo y suele estar protegido con una cinta para evitar que los visitantes se sienten, más por motivos de conservación y respeto a la leyenda que por un peligro real documentado en la actualidad.
¿Qué le pasó a Andrés de Proaza?
Andrés de Proaza fue arrestado, confesó (incluida la historia del sillón) y fue condenado a morir en la hoguera por el tribunal de la Santa Inquisición debido a sus crímenes y la supuesta vinculación con la magia negra.
¿Cómo llegó el sillón al museo?
Tras la ejecución de Proaza, sus bienes fueron subastados, pero nadie quiso comprar el sillón debido a su fama. Acabó en posesión de la Universidad de Valladolid y, con el tiempo, pasó a formar parte de la colección del museo provincial.
Conclusión
El Sillón del Diablo de Valladolid es mucho más que un simple mueble antiguo. Es un portal a una oscura leyenda que entrelaza la historia de la medicina, los temores de una época marcada por la Inquisición y la persistencia del folclore popular. La historia de Andrés de Proaza, el niño desaparecido y las muertes misteriosas asociadas al sillón han cimentado su reputación como un objeto cargado de una energía inquietante. Aunque hoy se exhibe en un museo, la cinta roja que lo rodea sirve como un recordatorio tangible de que algunas leyendas son tan poderosas que continúan influyendo en cómo percibimos los objetos, transformando un simple asiento de madera y cuero en un símbolo de los pactos prohibidos y los secretos que es mejor no desvelar. El sillón permanece allí, mudo testigo de siglos de historia y superstición, esperando a que cada visitante decida si creer o no en la oscura leyenda del Sillón del Diablo.
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