01/11/2023
La figura del faraón Tutankamón, a pesar de su corto reinado, ha capturado la imaginación del mundo durante décadas. Su nombre se asocia inmediatamente con uno de los descubrimientos arqueológicos más sensacionales de la historia: una tumba casi intacta, repleta de tesoros que revelan la magnificencia del antiguo Egipto y la vida de la realeza en aquella época. Este hallazgo no solo desenterró artefactos de valor incalculable, sino que también tejió leyendas que perduran hasta hoy.

La búsqueda de la tumba perdida de Tutankamón fue una empresa ardua y prolongada, liderada por el arqueólogo británico Howard Carter y financiada por Lord Carnarvon. Tras años de excavaciones en el Valle de los Reyes, enfrentando desilusión y desánimo, la perseverancia finalmente dio sus frutos. En octubre de 1922, un descubrimiento fortuito encendió la chispa de la esperanza que culminaría el 4 de noviembre con el hallazgo de la cima de una escalera enterrada, marcando el inicio de una serie de hallazgos asombrosos.
El Trono de Tutankamón: Una Joya del Ajuar Funerario
Entre los miles de objetos recuperados de la tumba de Tutankamón, destaca el Trono Real, una pieza de extraordinaria belleza y significado. Elaborado por artistas egipcios, este trono formaba parte del ajuar funerario del faraón. Está construido en oro laminado y presenta imágenes en sobrerrelieve, mostrando el estilo artístico distintivo del Período de Amarna, a pesar de que la ortodoxia religiosa ya había comenzado a restablecerse durante su reinado.
La escena representada en el trono es particularmente notable. Muestra a la pareja real: Tutankamón y su Gran Esposa Real, Anjesenamón, una de las hijas de Nefertiti y Ajenatón. La reina se inclina en una actitud protectora y afectuosa junto a su esposo, una representación íntima y familiar que era característica de los relieves observados en Ajetatón. Las figuras aún conservan los rasgos estilizados típicos de Amarna, como cuellos largos, cráneos alargados y vientres abultados.
A pesar del retorno a la ortodoxia religiosa, la escena es dominada por el dios Atón, cuyos rayos terminan en manos que ofrecen el Anj, el símbolo de la vida, a los reyes. El nombre del joven rey aparece en cartuchos con sus dos formas: Tutankatón y Tutankamón, reflejando la transición religiosa de la época. Este trono no es solo un mueble, sino una cápsula del tiempo que captura un momento particular en la historia y el arte egipcios.
El Emocionante Descubrimiento de la Tumba KV62
El camino hacia el descubrimiento de la tumba de Tutankamón (KV62) no fue sencillo. Antes de Carter, el equipo de Theodore M. Davis había encontrado en 1907 una pequeña cámara (KV54) con objetos funerarios a nombre de Tutankamón y concluyó erróneamente que era su tumba. Sin embargo, Howard Carter, bajo el patrocinio de Lord Carnarvon, persistió en su búsqueda en el Valle de los Reyes.
La colaboración entre Carter, un inspector jefe con profundo conocimiento del área, y Carnarvon, quien proporcionó la financiación, fue crucial. A pesar de las diferencias sociales, ambos compartían una pasión por el antiguo Egipto. Carnarvon adquirió la concesión para excavar en 1914, pero la Primera Guerra Mundial retrasó el inicio hasta 1917. Durante cinco años, Carter y su equipo excavaron incansablemente toneladas de escombros en el desierto. La desilusión era constante, pero en octubre de 1922, un golpe de suerte cambió todo.

El 4 de noviembre, se tropezó con la cima de una escalera enterrada. Este hallazgo llevó al descubrimiento de la primera puerta sellada. El 26 de noviembre, Carter y Carnarvon se encontraron frente a la entrada de la tumba. Aunque la puerta mostraba signos de haber sido forzada y resellada, lo que encontraron detrás superó todas las expectativas. La famosa frase de Carter al asomarse por un pequeño agujero: «Veo cosas maravillosas», resume la magnitud del descubrimiento: una tumba prácticamente intacta, llena de tesoros.
Explorando la Estructura y Contenido de la Tumba
La tumba KV62 no parece haber sido diseñada originalmente para un faraón, lo que sugiere que pudo haber sido adaptada de forma precipitada, quizás para el entierro inesperado del joven rey. A diferencia de otras tumbas reales, solo las paredes de la cámara del sarcófago estaban pintadas con escenas del Libro de los Muertos.
La tumba se accede a través de una escalera de 16 escalones que lleva a la primera puerta sellada. Un pasillo descendente conduce a una segunda puerta y a la «antecámara». Esta sala, descrita por Carter como un «caos organizado», contenía más de 600 objetos, incluyendo tres camas fúnebres, placas con formas de animales (hipopótamo, vaca, leopardo) y cuatro carros desmontados. La ancha pared del fondo sugería una posible ampliación nunca realizada.
A la izquierda de la antecámara se encontraba el «anexo», una habitación a un nivel inferior que Carter describió con trazos rojos en las paredes. Esta sala estaba abarrotada de objetos en desorden: cestas, jarras de vino, vajilla de calcita, perfumes, maquetas de barcos y ushebtis, sumando alrededor de dos mil piezas en 280 grupos de objetos.
La sala más importante era la «cámara del sarcófago», situada a un metro de desnivel. Era la única decorada, con paredes pintadas simulando nichos y escenas del Libro de los Muertos. Aquí se encontraban 300 objetos adicionales, además del elemento central: el sarcófago. Cuatro capillas de madera recubiertas de oro, encajadas una dentro de otra, cubrían un sarcófago de cuarcita roja que contenía tres ataúdes momiformes. Los dos primeros eran de madera chapada en oro, y el tercero, el más interno, era de oro macizo. Dentro de este último descansaba la momia del faraón, cubierta por la célebre máscara de oro, hoy símbolo universal de Egipto.
Fuera de las capillas, se encontraron once remos para la barca solar, frascos de perfumes, lámparas y el Templete Canópico de Tutankamón, una estructura decorada con las diosas protectoras que contenía el cofre con los cuatro vasos canopos albergando las vísceras del faraón.

Finalmente, la «cámara del tesoro» contenía alrededor de 500 objetos adicionales. La excavación y documentación de todos estos hallazgos fue un proceso lento y meticuloso que duró hasta 1930, requiriendo la colaboración de expertos en diversas áreas para la conservación y registro de cada pieza.
Los Invaluables Tesoros Recuperados
Los objetos encontrados en la tumba de Tutankamón ofrecieron una visión sin precedentes de la riqueza y la cultura del antiguo Egipto. Howard Carter describió la entrada a la tumba como un momento mágico, donde la luz de la vela revelaba un mundo deslumbrante de animales extraños, estatuas y oro reluciente. Las cuatro habitaciones de la tumba contenían aproximadamente 5.400 objetos, una verdadera cápsula del tiempo.
La recuperación y preservación de estos tesoros fue un desafío monumental. El ingeniero Arthur Callender diseñó sistemas para levantar objetos pesados, mientras que Alfred Lucas aplicó sus habilidades forenses para analizar los daños y robos sufridos en el pasado. El fotógrafo Harry Burton jugó un papel vital al documentar visualmente el descubrimiento, difundiendo el conocimiento del hallazgo y contribuyendo a la egiptomanía que se extendió por el mundo. Cada objeto, desde el más pequeño amuleto hasta los imponentes sarcófagos, proporcionó valiosa información sobre la vida, las creencias y las prácticas funerarias de la realeza egipcia.
La Intrigante Leyenda de la "Maldición de la Momia"
El descubrimiento no estuvo exento de misterio y tragedia, dando origen a la famosa leyenda de la "maldición de la momia". Poco después de que Howard Carter perforara la pared de la cámara funeraria en febrero de 1923, Lord Carnarvon, su patrocinador, falleció a causa de una picadura de mosquito infectada que le causó sepsis y neumonía. Esta muerte repentina, ocurrida menos de dos meses después de la apertura de la cámara, desató rumores de que perturbar el descanso del faraón traía consigo mala suerte o la muerte.
A pesar de estos acontecimientos y las crecientes tensiones con las autoridades egipcias, que incluso llevaron a Carter a interrumpir la excavación temporalmente, el trabajo continuó con el apoyo de la condesa viuda Almina Carnarvon. En 1925, Carter procedió a desmontar los ataúdes superpuestos, revelando finalmente la momia de Tutankamón con la icónica máscara de oro cubriendo su cabeza y hombros. Aunque la leyenda de la maldición persistió, muchos atribuyen las muertes y desgracias a causas naturales o coincidencias, pero la historia añade un aura de misterio a uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes.
Preguntas Frecuentes
¿Dónde se encontró la tumba de Tutankamón?
La tumba de Tutankamón, conocida como KV62, fue descubierta en la necrópolis egipcia del Valle de los Reyes, en árabe Uadi Biban Al-Muluk.

¿Quién descubrió la tumba de Tutankamón?
La tumba fue descubierta por el arqueólogo británico Howard Carter, con el patrocinio de Lord Carnarvon.
¿Qué se encontró dentro de la tumba de Tutankamón?
La tumba contenía aproximadamente 5.400 objetos, incluyendo el sarcófago del faraón, tres ataúdes (uno de oro macizo), la famosa máscara de oro, mobiliario (como el trono y camas funerarias), carros, armas, joyas, vestidos, alimentos, vino, perfumes, ushebtis, vasos canopos y el templete canópico, entre muchos otros.
¿Dónde está el Trono de Tutankamón?
El Trono de Tutankamón fue encontrado como parte del ajuar funerario dentro de su tumba en el Valle de los Reyes. Actualmente, los tesoros de Tutankamón, incluido el trono, se exhiben en museos de Egipto, principalmente en El Cairo.
¿Qué es la "maldición de la momia"?
Es una leyenda que surgió tras la muerte de Lord Carnarvon poco después de la apertura de la cámara funeraria de Tutankamón. Sugiere que quienes perturban el descanso del faraón sufren mala suerte o la muerte. Aunque no hay evidencia científica que la respalde, la historia ha perdurado en la cultura popular.
El tesoro de Tutankamón continúa asombrando al mundo, ofreciendo una ventana única a la vida y la muerte en el antiguo Egipto. Cada objeto recuperado narra una parte de la historia de este joven faraón y la civilización que lo rodeó, asegurando que su legado perdure por siempre.
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