Durmientes de Ferrocarril: Materiales y Usos

16/11/2023

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Las vías férreas, esa red vital que conecta ciudades y transporta mercancías a lo largo y ancho del planeta, descansan sobre una base fundamental: los durmientes o traviesas. Estas piezas, tendidas transversalmente bajo los rieles, son esenciales para proporcionar soporte, estabilidad y mantener la distancia correcta entre ellos. A nivel mundial, se estima que miles de millones de durmientes soportan vastas extensiones de vías, y una abrumadora mayoría de ellos son de madera.

El uso de la madera para este propósito tiene una larga historia, basada en su disponibilidad, flexibilidad y facilidad de manejo. Sin embargo, la elección de la madera adecuada y su tratamiento son cruciales para garantizar la durabilidad y seguridad de la infraestructura ferroviaria. Pero, ¿qué tipo de madera se utiliza y cómo se seleccionan estas piezas vitales?

Tipos de Madera Utilizados para Durmientes

La selección de la madera para durmientes no es arbitraria; depende de factores como la resistencia, la disponibilidad y las condiciones ambientales en las que se utilizarán. Generalmente, se emplean tanto maderas duras como maderas blandas, cada una destinada a propósitos y entornos específicos.

¿Qué madera se usa para los durmientes?
Los durmientes de maderas duras se hacen principalmente de roble, haya y carpe; los de maderas suaves se manufacturan de pino escocés, pino marítimo (Pinus pinaster) y alerce. En España se utiliza también el eucalipto para la fabricación de durmientes.

Entre las maderas duras más comunes para durmientes en Europa, destacan el roble, el haya y el carpe. Estas especies ofrecen una excelente resistencia a la compresión y al desgaste mecánico, cualidades esenciales bajo el peso y la vibración constante del tráfico ferroviario.

Por otro lado, las maderas blandas como el pino escocés, el pino marítimo (Pinus pinaster) y el alerce también se utilizan, a menudo para aplicaciones donde las condiciones son menos exigentes o se aplican tratamientos de conservación más intensivos. En España, se ha incorporado también el eucalipto para la fabricación de durmientes, aprovechando sus propiedades y disponibilidad local.

La madera para fabricar durmientes se obtiene típicamente de árboles con una circunferencia de entre 80 y 120 centímetros a 1.30 metros del suelo. También se pueden aprovechar las partes superiores o ramas de árboles de mayores dimensiones, o árboles en desarrollo completo provenientes de bosques de nuevo crecimiento. Tradicionalmente, la fabricación se realizaba tanto en aserraderos como directamente en el bosque, aunque esta última práctica ha disminuido con la merma de obreros especializados.

Dimensiones y Tipos de Durmientes

Las dimensiones de los durmientes varían según los estándares nacionales y el tipo de vía o aplicación. Para las vías normales (con un ancho estándar de 1 metro y 46 centímetros), los durmientes utilizados en Europa se clasifican generalmente en diferentes categorías según sus dimensiones:

  • Durmientes Alemanes: Aproximadamente 16 cm x 26 cm x 2.6 o 2.7 metros.
  • Durmientes Franceses: Típicamente 14 cm x 26 cm con el mismo largo que los alemanes.
  • Durmientes Ingleses: Usualmente 12 cm x 25 cm.

Estas cifras corresponden a durmientes que han sido aserrados en sus cuatro caras. Sin embargo, existen variaciones y especificaciones que permiten cierto margen para la contracción o curvatura de la madera. También se mencionan los durmientes "suecos" o "sajones", que se asierran solo en las caras superior e inferior, dejando el resto sin desbastar.

Más allá de las vías principales, existen durmientes con dimensiones especiales para usos específicos. En los cambios de vía o cruceros, donde la estructura es más compleja, los durmientes pueden variar significativamente de largo, desde 2.60 metros hasta 5 metros o más. Los durmientes utilizados en vías industriales suelen ser más cortos, con longitudes de 1.80 a 2 metros, mientras que los durmientes para cruces específicos tienen generalmente entre 1.30 y 2 metros.

Durabilidad y Conservación de Durmientes de Madera

La vida útil de un durmiente de madera está directamente relacionada con su capacidad para resistir la degradación biológica y el daño mecánico. Los principales enemigos de los durmientes son la fungosidad (pudrición de la madera), los insectos (como la hormiga blanca) y la presión constante y el impacto generados por el paso de los trenes.

Sin tratamiento, un durmiente de madera podría durar tan solo entre 5 y 10 años, especialmente en climas húmedos o con alta actividad de insectos. Para prolongar significativamente su vida útil y protegerlos de la pudrición, los durmientes se someten a procesos de impregnación con sustancias químicas. La creosota ha sido históricamente el producto más utilizado para este fin, conocido por su eficacia como fungicida e insecticida. Sin embargo, también se emplean soluciones de sales de cobre o de zinc.

Mediante una correcta impregnación, la duración de un durmiente de madera puede extenderse drásticamente, alcanzando entre 25 y 30 años en servicio. Este tratamiento no solo es una medida de conservación, sino también una inversión económica y sostenible al reducir la frecuencia de reemplazo.

A pesar de los tratamientos, los durmientes también sufren daños mecánicos. El aplastamiento, las rajaduras o el hundimiento son cada vez más frecuentes debido al aumento en el peso de los cargamentos transportados y a la mayor velocidad de los trenes modernos. Las propiedades mecánicas de la madera, aunque robustas, tienen un límite ante las crecientes exigencias de la infraestructura ferroviaria.

Alternativas a la Madera: Acero y Hormigón

Si bien la madera domina el paisaje ferroviario mundial, otros materiales han surgido como alternativas, buscando superar algunas de las limitaciones de los durmientes de madera, como su susceptibilidad a la pudrición o la necesidad de tratamientos químicos.

Los durmientes de acero se han utilizado extensamente en algunos países, como Alemania y Suiza. Su fabricación es relativamente sencilla y, en ciertos períodos históricos (como durante épocas de sobreproducción de acero), resultaban más económicos que los de madera. Presentan resistencia a la hormiga blanca, lo que los hace atractivos en ciertas regiones. Sin embargo, tienen desventajas significativas: carecen de la elasticidad natural de la madera, son más ruidosos al paso de los trenes y pueden resultar más costosos a largo plazo debido a un mayor desgaste del material rodante que requiere reparaciones más frecuentes. Además, no son adecuados para áreas cercanas a industrias que emiten vapores o gases corrosivos para el metal.

Otra alternativa importante son los durmientes de hormigón. Se han empleado durante mucho tiempo, aunque su principal inconveniente es su peso, que es de dos a tres veces mayor que el de los durmientes de madera, dificultando su transporte e instalación. Italia ha sido un país donde se han utilizado extensamente. Durante la Segunda Guerra Mundial y posteriormente, el Reino Unido experimentó con durmientes de hormigón armado, obteniendo resultados satisfactorios que llevaron a la construcción de grandes fábricas para su producción. Los durmientes de hormigón, especialmente los pretensados, ofrecen gran estabilidad y durabilidad, siendo una opción cada vez más popular, especialmente en vías de alta velocidad o con tráfico pesado.

Comercio Internacional Histórico de Durmientes (Contexto Post-WWII)

El comercio de durmientes de ferrocarril, aunque no tan prominente como el de otras maderas, ha sido un componente importante del mercado forestal global, influenciado por las necesidades de expansión y mantenimiento de las redes ferroviarias.

En el período entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, países como el Reino Unido y Alemania fueron grandes importadores. Las cifras muestran fluctuaciones en la demanda, con un pico en las importaciones europeas alrededor de 1930, seguido de una disminución. Polonia, Yugoslavia, los Países Bálticos, Rumanía y la Unión Soviética figuraban entre los principales exportadores europeos. Estados Unidos y Canadá también exportaron cantidades significativas al mercado europeo y otras partes del mundo.

La Segunda Guerra Mundial tuvo un impacto devastador en la infraestructura ferroviaria europea, especialmente en países como Francia, Bélgica, Países Bajos, Italia y la Unión Soviética, así como en el Norte de África. Esto generó una enorme demanda de durmientes en la posguerra, tanto para reemplazar los destruidos como para renovar los que no recibieron mantenimiento adecuado durante el conflicto.

A pesar de la urgencia, la recuperación de la producción forestal y la escasez de productos químicos para la impregnación limitaron la oferta inicial. Organizaciones internacionales como la Comisión Económica para Europa (ECE) analizaron la situación, estimando déficits significativos, especialmente en durmientes de maderas blandas.

Los países europeos, particularmente los de Europa Occidental, dependieron de las importaciones para cubrir sus necesidades. Históricamente, su principal mercado de abastecimiento era Europa del Este, pero la posguerra vio un aumento en las exportaciones desde América del Norte, específicamente de Estados Unidos y Canadá. Estados Unidos, a pesar de una fuerte demanda interna, se convirtió en un exportador clave en 1947, enviando durmientes (tanto impregnados como sin impregnar) a numerosos países, con el Reino Unido, Países Bajos y Bélgica como destinos principales. Sin embargo, factores como la escasez de divisas (dólares) limitaron estas compras, haciendo que la disponibilidad de ayuda económica (como el Plan Marshall) fuera crucial.

La situación en la posguerra también estuvo marcada por la nacionalización o el control estatal de las vías férreas en muchos países, creando monopolios de compra. La disponibilidad de divisas y las prioridades gubernamentales dictaron las importaciones. Aunque la demanda de durmientes era alta, a menudo se dio prioridad a la compra de otros bienes esenciales.

Países como Polonia y Checoslovaquia, aunque con planes para aumentar la producción forestal, tenían una demanda interna considerable. Yugoslavia también planeaba aumentar la producción de durmientes impregnados y consideraba el uso a gran escala de durmientes de hormigón. Países exportadores tradicionales como Austria no reanudaron sus envíos de inmediato, mientras que Suecia aumentó temporalmente sus exportaciones. Alemania, que antes importaba, llegó a exportar durmientes de maderas blandas a países occidentales en el corto plazo post-guerra.

La falta de disponibilidad de grandes volúmenes para exportación desde Europa del Este y la Unión Soviética, combinada con la escasez de dólares, llevó a los países europeos a buscar fuentes alternativas, incluyendo sus territorios de ultramar en África y explorando el potencial de Centro y Sudamérica, regiones con vastos recursos forestales aún poco explotados para este fin.

Usos Alternativos de Durmientes de Madera

Una vez que los durmientes de madera cumplen su ciclo de vida útil en las vías férreas, a menudo encuentran una segunda vida en diversas aplicaciones, especialmente en paisajismo y construcción de exteriores. Sus características de durabilidad (gracias a la impregnación) y su aspecto rústico los hacen muy valorados para proyectos creativos y funcionales.

Entre los usos más comunes de los durmientes reciclados se encuentran:

  • Contenedores de Tierra: Son ideales para crear bordes elevados en jardines, contener tierra en desniveles, o delimitar espacios alrededor de piscinas, facilitando el mantenimiento y evitando la caída de tierra.
  • Jardineras: Permiten construir estructuras cerradas para jardineras, delimitando áreas de cultivo o creando distintos ambientes paisajísticos.
  • Separadores de Espacios: Se utilizan para separar visualmente y funcionalmente diferentes áreas en un jardín, como una zona de césped de un área con plantas o árboles.
  • Peldaños para Jardín: Su solidez y resistencia los hacen perfectos para construir escalones en jardines con pendiente, soportando el peso y el impacto del tránsito sin agrietarse.
  • Pastelones para Senderos: Cortados en secciones o utilizados enteros, pueden formar senderos o caminos, protegiendo la vegetación y añadiendo un toque estético.

Además de estos usos populares en jardinería, los durmientes también pueden emplearse en proyectos de mayor envergadura, como la construcción de pequeños puentes de madera, muros de contención para estabilizar terrenos, o cercos y tranqueros, aprovechando su robustez y resistencia a la intemperie.

Preguntas Frecuentes sobre Durmientes de Ferrocarril

¿Qué son exactamente los durmientes o traviesas?
Son las piezas, generalmente de madera, acero u hormigón, que se colocan transversalmente bajo los rieles de una vía férrea. Su función es dar soporte a los rieles, distribuir la carga sobre el balasto y mantener el ancho correcto de la vía.
¿De qué madera se hacen los durmientes?
Se utilizan tanto maderas duras como blandas. Las maderas duras comunes incluyen roble, haya y carpe. Las maderas blandas incluyen pino escocés, pino marítimo y alerce. En algunos lugares, como España, también se usa eucalipto.
¿Cuánto tiempo dura un durmiente de madera?
Sin tratamiento, pueden durar entre 5 y 10 años. Con impregnación química (como creosota o sales de cobre/zinc), su vida útil se extiende significativamente, pudiendo alcanzar entre 25 y 30 años.
¿Por qué se usan durmientes de otros materiales?
Alternativas como el acero y el hormigón se usan para superar algunas limitaciones de la madera, como su susceptibilidad a la pudrición o la necesidad de mantenimiento. Ofrecen mayor estabilidad o resistencia en ciertas condiciones, aunque también tienen sus propias desventajas.
¿Para qué más se pueden usar los durmientes de madera viejos?
Los durmientes retirados de las vías se reciclan comúnmente en paisajismo y construcción de exteriores. Se usan para crear contenedores de tierra, jardineras, peldaños en jardines, senderos, pequeños puentes, muros de contención o cercos.

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