12/05/2023
El concepto de amar a nuestro prójimo es una piedra angular en muchas filosofías y religiones, considerado a menudo tan vital como el amor a uno mismo o incluso el amor a una fuerza superior. Pero, ¿qué significa realmente amar al prójimo en la práctica diaria? No es solo un sentimiento, sino una acción, una forma de vida que se manifiesta en cómo tratamos a los demás, especialmente en tiempos de dificultad o diferencia. A través de las experiencias y enseñanzas de líderes espirituales, podemos obtener una comprensión más profunda de este mandamiento fundamental.

Consideremos la perspectiva de John Taylor, quien vivió una época de intensa persecución y adversidad. A pesar de ser testigo de injusticias, violencia y pérdida, incluido el martirio de personas cercanas y sus propias heridas, consistentemente enseñó y exhortó a amar a todas las personas. Su vida misma fue un testimonio de la posibilidad de cultivar el amor incluso en las circunstancias más desafiantes. Él contrastaba la oración de David en los Salmos, pidiendo la caída de sus enemigos, con la súplica de Jesús en la cruz: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lucas 23:34). Taylor prefería enfáticamente la oración de Jesús, viéndola como el sentimiento que debemos tener unos hacia otros: tratarnos con bondad, sin albergar resentimientos. La idea de "odiar a esa persona" era ajena a él, pues el mandamiento central es amarnos los unos a los otros.

El Fundamento Divino del Amor al Prójimo
La enseñanza de amar al prójimo no surge de un vacío, sino que está profundamente arraigada en la relación con lo divino. John Taylor enseñaba que, dado que Dios es nuestro Padre, todos somos Sus hijos y, por lo tanto, debemos considerarnos y actuar como hermanos y hermanas. Este parentesco espiritual es el fundamento de la unidad y el afecto que debemos cultivar. Al esforzarnos por amar a Dios con todo nuestro ser, el segundo gran mandamiento, amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, se convierte en una consecuencia natural y necesaria.
El mandamiento, como se encuentra en las Escrituras (Marcos 12:30–31, Mateo 22:37–39), es claro: amar a Dios primero y luego a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Pero, ¿lo hacemos realmente? Taylor planteaba la pregunta difícil: ¿Estamos dispuestos a dar a nuestro prójimo lo que desearíamos para nosotros mismos? ¿Preferiríamos quedarnos con dos dólares en lugar de dar uno a nuestro prójimo que lo necesita? ¿Preferiríamos tener dos o tres vacas antes que dar una a nuestro vecino que no tiene ninguna? Estas preguntas desafían nuestra sinceridad en la práctica de este amor.
Según Taylor, el Espíritu de Dios juega un papel crucial en cultivar este amor. Si tenemos el Espíritu, estaremos llenos de bondad, de caridad y de longanimidad. Estaremos constantemente dispuestos a dar a cada persona lo que deseamos para nosotros mismos y a hacer por los demás lo que desearíamos que ellos hicieran por nosotros. Este es el principio de la "regla de oro" aplicada a la vida diaria y nutrida por una conexión espiritual.
Amor en Acción: Cuidando las Necesidades Temporales
El amor al prójimo no es meramente un sentimiento platónico; se manifiesta de manera poderosa a través de acciones concretas, especialmente al atender las necesidades temporales de los demás. Las Escrituras nos confrontan directamente: "Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?" (1 Juan 3:17). Esto implica que la posesión de recursos conlleva una responsabilidad hacia aquellos que carecen de ellos.
John Taylor era un firme creyente en que la fe y la oración debían ir acompañadas de obras. Criticaba la idea de simplemente arrodillarse y suplicar a Dios que alimente al pobre o vista al desnudo, sin estar dispuestos a hacer nosotros mismos lo que pedimos. Él decía: "Yo nunca pediría al Señor que hiciera algo que yo no haría." Si hay necesitados entre nosotros, debemos ponernos manos a la obra y atender sus necesidades.
Esto significa compartir nuestros bienes: harina, carne, azúcar, mantequilla, queso, ropa, combustible, y cualquier otra cosa útil para la vida. Hacer felices a las personas a través de estas acciones prácticas es, según Taylor, la "forma debida de hacer las cosas", y es más agradable a Dios que solo ofrecer oraciones. Al recibir bendiciones, debemos procurar distribuirlas. Cuidar de quienes pasan reveses o dificultades, proporcionándoles lo necesario para su bienestar y felicidad, es una manifestación palpable del amor y una acción que atrae bendiciones divinas.
Amor en las Relaciones: El Poder del Perdón
Otro ámbito esencial donde se manifiesta el amor al prójimo es en nuestras interacciones personales, particularmente a través del perdón y la reconciliación. Las relaciones humanas son complejas y a menudo surgen dificultades, ofensas o malentendidos. En lugar de albergar resentimientos, se nos insta a tratarnos bien unos a otros y a buscar activamente la enmienda cuando hemos cometido un error.
Si hemos pecado contra alguien, engañado, estafado o hablado con crueldad, el camino del amor exige que vayamos a esa persona, reconozcamos el mal que hemos hecho, pidamos perdón y prometamos mejorar. Este acto de humildad y arrepentimiento es fundamental. Y la respuesta ideal, si la otra persona ha tenido dificultades con nosotros, es que también esté dispuesta a reconocer su parte y buscar nuestro perdón. Esta disposición mutua a perdonar y ser perdonado es mucho más apropiada para quienes buscan vivir como santos de Dios que guardar rencor en el corazón.
Tratar la reputación de los demás con respeto y buscar su bienestar es parte de este principio. La oración del Padre Nuestro nos recuerda: "perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores" (Mateo 6:12). Taylor enfatizaba que si no perdonamos a nuestro hermano sus ofensas, ¿cómo podemos esperar que nuestro Padre Celestial nos perdone a nosotros? La condición para recibir el perdón divino es nuestra disposición a otorgarlo a los demás.
Incluso cuando otros actúan imprudentemente o buscan hacernos daño, el principio del amor nos llama a hacerles todo el bien que podamos. Jesús enseñó: "Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen" (Mateo 5:43–44). Aunque pueda parecer "no natural", se nos pide cambiar nuestras tendencias naturales por cualidades divinas. Esto puede implicar estar dispuestos a transigir, a ceder "medio camino, sí, hasta tres cuartas partes del camino e incluso todo el camino" en un conflicto, priorizando la paz y la santidad sobre las disputas mezquinas.
Además, la enseñanza de Jesús en Mateo 5:23-24 subraya la importancia de la reconciliación antes de la adoración: "si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda". Esto muestra cuán vital es que nuestras relaciones con el prójimo estén en orden para que nuestra relación con Dios sea plena.
La Unidad Cultivada por el Amor
El Evangelio, al unir a las personas bajo principios comunes y el influjo del Espíritu, tiene el poder de generar unidad y afecto mutuo. John Taylor observó que, aunque las personas provengan de diversas nacionalidades o trasfondos, el Espíritu Santo, recibido a través de la obediencia, crea "una unidad de sentimiento y de espíritu, una unión y una comprensión que no existe en el mundo". Esta unidad es un signo distintivo de los discípulos de Jesús, como Él mismo dijo: "En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros" (Juan 13:35).
Aunque seamos distintos en apariencia, hábitos o incluso formas de pensar sobre "pequeñas cosas", el amor fraternal debe prevalecer. No se espera que todos piensen exactamente igual, sino que todos hagan lo recto y se alleguen a Dios. La unidad en el Evangelio no anula la individualidad, sino que la une a través de la caridad, la bondad, el afecto y el amor fraternal. Debemos estar "entrelazados con los indisolubles lazos del Evangelio eterno", no solo por esta vida, sino por la eternidad. Esto requiere ser mutuamente comprensivos y esforzarnos por beneficiarnos unos a otros, fundados en los principios de la rectitud y la amistad.
El Amor como Camino de Vida: Demostraciones Prácticas
En resumen, amar al prójimo como a uno mismo es un mandamiento que exige tanto una disposición del corazón como una acción constante. Se trata de un esfuerzo continuo por vivir de tal manera que nuestro amor mutuo aumente, llevando las dolencias los unos de los otros con la comprensión de que todos somos hijos de Dios que procuramos cumplir Su voluntad.
Aquí se presentan algunas acciones clave, derivadas de las enseñanzas, que demuestran el amor al prójimo:
| Acción | Descripción |
|---|---|
| Tratar a todos con bondad y respeto | Ver a cada persona como un hijo de Dios y actuar en consecuencia, sin albergar resentimientos ni prejuicios. |
| Atender las necesidades temporales | Compartir bienes materiales (comida, ropa, etc.) con quienes están en necesidad, haciendo más que solo orar por ellos. |
| Perdonar a quienes nos ofenden | Estar dispuestos a soltar el rencor y perdonar sinceramente las faltas de los demás. |
| Buscar el perdón y enmendar errores | Reconocer nuestros propios errores, pedir perdón a quienes hemos dañado y esforzarnos por reparar el perjuicio. |
| Procurar el bienestar y la felicidad ajenos | Interesarse activamente en la prosperidad (temporal y eterna) y la felicidad de los demás, incluso prefiriéndolos en honor o beneficio si es posible. |
| Amar a los enemigos y orar por ellos | Extender la bondad y el perdón incluso a aquellos que nos persiguen o nos hacen daño. |
| Cultivar la unidad y la comprensión | Superar las diferencias culturales, nacionales o personales a través del Espíritu, buscando la armonía y el afecto fraternal. |
Estas acciones no siempre son fáciles, pero son esenciales para vivir el Evangelio plenamente. Si deseamos que los demás sean buenos santos, debemos empezar por ser buenos santos nosotros mismos, aplicando estos principios en nuestra propia vida antes de esperar que otros lo hagan.
Preguntas Frecuentes sobre el Amor al Prójimo
Aquí respondemos algunas preguntas comunes basadas en los principios discutidos:
¿Cuáles son 5 acciones que demuestren amor al prójimo?
Basándonos en las enseñanzas, cinco acciones clave son: 1. Tratar a todos con bondad y respeto. 2. Atender las necesidades temporales de los demás (compartir bienes). 3. Perdonar a quienes nos han ofendido. 4. Buscar el perdón cuando hemos dañado a alguien y enmendar el error. 5. Procurar el bienestar y la felicidad de los demás activamente.
¿Cuáles son algunas formas de amar al prójimo?
Además de las acciones mencionadas, otras formas incluyen: estar llenos de caridad, bondad, afecto y amor fraternal; tratar la reputación de los demás con respeto; ser justos y generosos en nuestros tratos; ser mutuamente comprensivos; y cultivar el espíritu de amor y bondad, desechando lo desagradable.
¿Cómo se debe amar al projimo según la Biblia (y las enseñanzas)?
Según la Biblia, amar al prójimo es el segundo gran mandamiento, semejante al primero de amar a Dios. Se debe amar al prójimo "como a ti mismo". Las enseñanzas expanden esto para incluir acciones como perdonar a los enemigos, hacer bien a quienes nos aborrecen, orar por quienes nos persiguen, y atender las necesidades prácticas de quienes están en dificultad, considerando que todos somos hijos de Dios.
¿Cómo amar al prójimo como a ti mismo?
Amar al prójimo como a ti mismo implica estar dispuesto a dar a cada persona lo que desearías para ti mismo. Significa hacer por los demás lo que desearías que ellos hicieran por ti. Requiere interesarse en su bienestar, felicidad y prosperidad de la misma manera que te interesas en los tuyos. Es un principio de reciprocidad basado en el respeto, la justicia y la generosidad.
Vivir el mandamiento de amar al prójimo es un viaje constante de crecimiento espiritual y acción diaria. Nos llama a mirar más allá de nosotros mismos, a reconocer el parentesco divino que compartimos y a manifestar ese conocimiento a través de la bondad, la generosidad, el perdón y la búsqueda activa del bienestar ajeno. Al hacerlo, no solo seguimos el ejemplo de Jesús, sino que también cultivamos la verdadera unidad y encontramos un camino hacia la paz y la felicidad duraderas.
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