25/04/2026
La historia argentina del siglo XX está marcada por profundos cambios políticos y sociales, y una de las figuras centrales en el inicio de una era de inestabilidad institucional fue José Félix Uriburu. Conocido principalmente por encabezar el primer golpe de Estado exitoso en el país, su breve mandato sentó un precedente que tendría repercusiones duraderas en la vida nacional.

¿Quién Fue José Félix Uriburu?
José Félix Benito Uriburu nació en Salta el 20 de julio de 1868. Proveniente de una familia tradicional y con conexiones políticas (era sobrino del expresidente José Evaristo Uriburu), desarrolló una carrera militar que lo llevaría a ocupar un lugar destacado en la historia argentina. Estuvo casado con Aurelia Madero Buján. Su nombre quedó grabado en los anales históricos al asumir como Presidente de la Nación Argentina (de Facto) tras derrocar al gobierno constitucional de Hipólito Yrigoyen.
Su mandato transcurrió desde el 6 de septiembre de 1930 hasta el 20 de febrero de 1932. Durante este período, el país fue gobernado sin el respaldo de la legitimidad electoral, marcando el fin de una etapa democrática iniciada con la Ley Sáenz Peña. Su vicepresidente fue Enrique Santamarina.
El Golpe de Estado de 1930: Un Quiebre Institucional
El golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930 no surgió de la nada. Se gestó en un contexto de creciente tensión política y dificultades económicas. La Argentina, que había gozado de cierta bonanza, comenzó a sentir los efectos de la crisis mundial iniciada con el crack de 1929. Disminuyeron las exportaciones, aumentaron los gastos del Estado, y la moneda nacional se depreció, obligando al gobierno de Yrigoyen a interrumpir la convertibilidad en 1929. Esta situación económica desfavorable se sumó a un clima político enrarecido.
El segundo gobierno de Hipólito Yrigoyen, iniciado en 1928 con un amplio respaldo electoral, enfrentaba un desgaste acentuado. La Unión Cívica Radical (UCR), que se veía a sí misma como una "causa" nacional, utilizaba frecuentemente la intervención federal a las provincias, lo que generaba críticas. A pesar de tener mayoría en Diputados, la oposición controlaba el Senado, dificultando la gestión. La salud deteriorada del presidente Yrigoyen exacerbó las disputas internas entre sus colaboradores.
Paralelamente, grupos conservadores y militares, frustrados por no poder acceder al poder por vía electoral (especialmente tras la derrota de 1928), comenzaron a conspirar. Existían dos vertientes principales: una liderada por Agustín Pedro Justo, que buscaba desplazar a Yrigoyen para formar un frente amplio y llegar a la presidencia, y otra encabezada por José Félix Uriburu, con ideas más radicalizadas y aspiraciones de reformar el Estado hacia un sistema corporativista. Aunque con objetivos distintos, ambos grupos táctica y temporalmente se unieron contra el gobierno. Uriburu, consciente de su menor habilidad política, aceptó modificar la proclama inicial para no asustar al sector más "liberal" que apoyaba a Justo.
La conspiración se hizo cada vez más pública. Manifestaciones estudiantiles y artículos de prensa crítica, como los del diario Crítica, contribuyeron a generar un clima de inestabilidad. La renuncia del ministro de Guerra, Luis Dellepiane, el 3 de septiembre, tras ser desautorizado por el ministro del Interior, Elpidio González, quien restaba importancia a la conspiración, fue un punto de inflexión. El 4 de septiembre, tras manifestaciones y un tiroteo, un joven radical murió, siendo rápidamente presentado por los opositores como un "estudiante asesinado", un mártir que legitimaba la "sangre derramada". Enfermo, Yrigoyen delegó el mando en el vicepresidente Enrique Martínez el 5 de septiembre, quien intentó reorganizar el gabinete, pero el golpe ya era inminente.
Juan Domingo Perón, quien años después sería tres veces presidente, relató su participación en el golpe en su libro "Tres revoluciones militares". Describe cómo fue contactado en junio de 1930 para unirse al movimiento de Uriburu. Participó en reuniones iniciales, aunque luego tuvo dudas sobre la capacidad de los líderes y se separó temporalmente del Estado Mayor revolucionario. Sin embargo, el día del golpe, 6 de septiembre, fue designado ayudante del teniente coronel Bartolomé Descalzo, participó en asegurar adhesiones militares y marchó con una columna hacia la Casa Rosada, que encontró invadida por civiles que causaban destrozos.
La proclama revolucionaria, inicialmente encargada al poeta Leopoldo Lugones (con ideas cercanas al fascismo), tuvo que ser modificada para ser aceptada por sectores más moderados como Sarobe y Justo. El texto final, leído el día del golpe, prometía respetar la Constitución y las leyes vigentes, y un rápido retorno a la normalidad con elecciones libres. Sin embargo, también hablaba de "necesarias reformas de orden institucional" y de la disolución del Congreso, al que calificaba de "cómplice" y "servil".
La actitud del gobierno fue, en el mejor de los casos, ineficaz. El vicepresidente Martínez y el ministro González no lograron defender al gobierno. Militares leales, como el general Severo Toranzo, afirmaron que Martínez se negó a nombrarlos jefes de defensa. El mismo Martínez, al ser consultado por militares leales la noche del 6 de septiembre, afirmó que su renuncia era "espontánea y definitiva" y que no quería derramamiento de sangre.
En forma inmediata a asumir, el gobierno de facto de Uriburu comunicó a la Corte Suprema de Justicia de la Nación su constitución. La Corte, en su acordada del 10 de septiembre de 1930, acusó recibo y convalidó los actos del gobierno provisorio como un "gobierno de facto", cuya legitimidad no podía ser discutida judicialmente en tanto ejerciera el poder administrativo y policial derivado de la posesión de la fuerza. No obstante, aclaró que la justicia intervendría si se desconocían las garantías individuales o de propiedad aseguradas por la Constitución.
El Gobierno Militar y el Proyecto Corporativo
Una vez en el poder, Uriburu disolvió el Congreso Nacional, declaró el estado de sitio en todo el país e intervino todas las provincias que estaban gobernadas por el radicalismo. Aunque inicialmente prometió respetar la Constitución y la Ley Sáenz Peña (que establecía el voto secreto, universal y obligatorio para varones), sus verdaderas intenciones eran otras. Uriburu era un ferviente admirador de sistemas autoritarios y corporativistas, similares a los fascismos europeos de la época, aunque con la particularidad de que en Argentina el ejército sería la clave del sistema, no organizaciones paramilitares.
Su aspiración era reemplazar la Constitución por un sistema donde la representación no se basara en el voto individual, sino en la opinión de corporaciones (patronales, profesionales, etc.). Creía que el sistema democrático vigente, con sufragio universal, llevaba al "desenfreno demagógico", afirmando que en Argentina, con un alto porcentaje de analfabetos, era esa población la que terminaba gobernando. Entre los ideólogos que admiraba se encontraba Carlos Ibarguren, su primo, católico y admirador de la derecha española.
Uriburu intentó crear un "Partido Nacional" que agrupara a otras fuerzas, excluyendo al radicalismo yrigoyenista y posiblemente al socialismo, pero la propuesta fue rechazada por la mayoría de los partidos. Confiando en presentar una candidatura única, convocó a elecciones para gobernador en la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, el resultado fue inesperado: a pesar de las dificultades, el radicalismo ganó. Esto provocó pánico en el gobierno. Uriburu reorganizó su gabinete, suspendió el colegio electoral provincial y nombró un gobernador de facto. Poco después, una pequeña rebelión en Corrientes le dio la excusa para clausurar locales de la UCR, arrestar dirigentes, prohibir a los colegios electorales elegir a políticos vinculados con Yrigoyen y suspender elecciones futuras en otras provincias. El experimento corporativista, al menos en su implementación inicial, había fracasado, pero Uriburu, incluso horas antes de dejar el poder, reafirmaría su oposición al voto secreto.
Política Económica y Social
El gobierno de Uriburu enfrentó una difícil situación económica. La caída de la actividad llevó a despidos masivos. La Confederación General del Trabajo (CGT), declarando su prescindencia política, se centró en la defensa de los trabajadores y solicitó al gobierno medidas para promover el empleo y aplicar leyes laborales. Inicialmente, el director del Departamento Nacional del Trabajo, Eduardo F. Maglione, intentó frenar medidas empresariales y fomentar la creación de corporaciones por industria. Sin embargo, tras los resultados de las elecciones de 1931, Maglione fue reemplazado por Carlos Güiraldes, miembro de la Legión Cívica Argentina, quien se enfocó en la represión sindical y el proyecto corporativo fue abandonado.
El gobierno adoptó algunas medidas proteccionistas, estableciendo impuestos a la importación de ciertos productos, lo que generó opiniones divididas. Mientras la Unión Industrial Argentina lo elogió, la CGT y el Partido Socialista lo criticaron por considerar que solo beneficiaba a pocos comerciantes o aumentaba las ganancias patronales sin mejorar la situación de los trabajadores. También se dio preferencia a ciudadanos argentinos en obras públicas y se restringió la inmigración.
Para intentar equilibrar el presupuesto estatal, se implementaron despidos de empleados públicos, reducciones salariales y nuevos impuestos. El primer censo de desocupados realizado arrojó una cifra alarmante de más de 330.000 desempleados en todo el país.
Fin del Mandato y Muerte
Ante el fracaso de su proyecto corporativista y la presión del sector "liberal" del ejército y los conservadores, liderado por el general Agustín Pedro Justo, Uriburu se vio obligado a convocar a elecciones generales. Aunque intentó maniobras para evitar el triunfo del radicalismo, finalmente se realizaron comicios en noviembre de 1931, en los que resultó electo Agustín P. Justo.
José Félix Uriburu entregó el poder a Justo el 20 de febrero de 1932. Poco después, debido a motivos de salud, viajó al extranjero. Falleció en París, Francia, el 29 de abril de 1932, tan solo dos meses después de dejar la presidencia, a causa de un cáncer de estómago. Posteriormente, sus restos fueron repatriados e inhumados en el prestigioso Cementerio de la Recoleta, en la Ciudad de Buenos Aires.
Legado y Retiro de Memoriales
A pesar de su breve y controvertido mandato, la figura de José Félix Uriburu tuvo un impacto significativo. Fue el artífice del primer golpe de Estado que inauguró una larga sucesión de interrupciones democráticas en Argentina. Su intento de establecer un régimen corporativista, aunque fallido, reflejó las tensiones ideológicas de la época y las visiones autoritarias que ganarían terreno en ciertos sectores.
Durante el siglo XX, se realizaron varios bustos y se nombraron calles en su honor, a menudo durante gobiernos de facto. Sin embargo, en el siglo XXI, con una revalorización de la democracia y los derechos humanos, se ha impulsado el retiro de estos memoriales. El texto menciona casos como el de Bolívar (provincia de Buenos Aires), donde se votó por retirar un busto en 2012, Balcarce, donde se aprobó el retiro de un monumento aunque aún permanece, y Olavarría, donde un busto en el Parque Mitre fue retirado en 2015. Estas acciones reflejan un debate social sobre la memoria histórica y el reconocimiento de figuras que quebrantaron el orden constitucional.
Preguntas Frecuentes sobre José Félix Uriburu
¿Quién fue José Félix Uriburu?
José Félix Uriburu fue un militar argentino que encabezó el Golpe de Estado de 1930, derrocando al gobierno constitucional de Hipólito Yrigoyen y asumiendo como Gobierno de Facto hasta 1932. Fue el responsable del primer quiebre institucional de este tipo en el siglo XX argentino.
¿Dónde está enterrado Félix Uriburu?
José Félix Uriburu falleció en París, Francia, pero sus restos fueron repatriados a Argentina y están inhumados en el Cementerio de la Recoleta, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
¿Cuál fue el primer golpe militar en Argentina?
El primer golpe militar en Argentina del siglo XX fue el ocurrido el 6 de septiembre de 1930, liderado por el general José Félix Uriburu, que depuso al presidente Hipólito Yrigoyen.
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