30/03/2022
La historia reciente de Argentina está marcada por tragedias y misterios que persisten en el tiempo. Uno de los más resonantes es, sin duda, la muerte del fiscal Alberto Nisman. Su nombre, intrínsecamente ligado a la investigación del peor atentado terrorista en la historia del país, el ataque a la AMIA en 1994, adquirió una dimensión pública y trágica sin precedentes en enero de 2015. A días de presentar una grave denuncia contra la entonces presidenta por presunto encubrimiento, Nisman apareció sin vida en su departamento de Puerto Madero. Lo que inicialmente se presentó como un posible suicidio, con el correr de los años y las investigaciones, se transformó en una certeza judicial: Alberto Nisman fue asesinado. Sin embargo, a una década de aquel fatídico hallazgo, la pregunta central sigue sin respuesta: ¿quiénes fueron los autores materiales e intelectuales de este crimen que sacudió los cimientos del poder en Argentina?

El expediente judicial, que hoy supera las 20.000 fojas, es un laberinto de pruebas, testimonios y pericias que intentan desentrañar lo ocurrido. El último informe del fiscal Eduardo Taiano corrobora la hipótesis del homicidio, señalando la presencia de dos asesinos que habrían ingresado al departamento de Nisman en las horas previas a su muerte, lo inmovilizaron y le dispararon en el baño con un arma que, paradójicamente, pertenecía a un colaborador cercano. Las numerosas irregularidades detectadas en la escena del crimen y durante el procedimiento forense posterior son señaladas como elementos cruciales que impidieron una identificación temprana de los responsables, sumiendo el caso en una impunidad que, por ahora, parece inquebrantable.
Contexto: La Investigación del Atentado a la AMIA
Para comprender la relevancia y el posible móvil detrás de la muerte de Alberto Nisman, es fundamental repasar el contexto de la investigación que lideraba. Desde 2006, Nisman estaba al frente de la Unidad Fiscal de Investigación del atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), ocurrido el 18 de julio de 1994. Aquel ataque terrorista dejó un saldo de 85 personas muertas y más de 300 heridas, marcando un hito de violencia en la historia argentina. La investigación de Nisman apuntó formalmente a Irán como el cerebro detrás del atentado, supuestamente ejecutado por la milicia chií Hezbolá. En 2006, logró que Interpol emitiera circulares rojas para la captura de cinco exaltos cargos del Gobierno iraní, entre ellos el entonces ministro de Defensa, Ahmad Vahidi.

La negativa de Irán a extraditar o permitir el interrogatorio de los acusados mantuvo la causa en un punto muerto durante años. Esta situación cambió, al menos en apariencia, en 2013, cuando el Gobierno argentino anunció la firma de un Memorándum de Entendimiento con Irán. Este acuerdo preveía la creación de una Comisión de la Verdad integrada por juristas internacionales y la posibilidad de que la justicia argentina pudiese interrogar a los acusados en Teherán. Si bien el memorándum nunca entró formalmente en vigor, generó un fuerte debate y fue visto por muchos como un intento de Argentina de acercarse a Irán y superar el estancamiento judicial. Para Nisman, sin embargo, este acuerdo representó una vía para la impunidad.
La Controversial Denuncia Contra la Cúpula del Gobierno
El 14 de enero de 2015, apenas cuatro días antes de su muerte, Alberto Nisman presentó ante los tribunales una denuncia explosiva. Acusó a la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner y a su canciller, Héctor Timerman, de haber pactado la impunidad con los acusados iraníes. Según la denuncia, este acuerdo de encubrimiento se habría gestado a cambio de beneficios comerciales, específicamente la compra de petróleo a Irán a cambio de granos argentinos, en un contexto de dificultades económicas para ambos países. La denuncia de Nisman sostenía que el Memorándum de Entendimiento era, en realidad, una pantalla para facilitar la caída de las alertas rojas de Interpol y liberar de responsabilidad a los iraníes señalados.
Esta denuncia generó un terremoto político. Nisman estaba convocado a exponer sus pruebas ante el Congreso Nacional el lunes 19 de enero. En los días previos, defendió públicamente su acusación, aunque sin revelar todos los detalles que, según él, tenía para presentar ante los legisladores. El informe posterior del fiscal Taiano, basándose en la investigación, concluye que la muerte de Nisman fue un homicidio directamente vinculado a esta denuncia y a su investigación del encubrimiento del atentado a la AMIA. En la denuncia original, Nisman también acusó a otras personas, incluyendo figuras como Luis D’Elía, Jorge “Yussuf” Khalil, Fernando Esteche, Andrés “Cuervo” Larroque y Héctor Luis Yrimia, además de un agente de inteligencia identificado como Ramón Allan Bogado.
La Noche Fatal y el Hallazgo del Cuerpo
El domingo 18 de enero de 2015, el país amaneció con la noticia de que el fiscal Alberto Nisman había sido encontrado muerto en el baño de su departamento en las Torres Le Parc, en el barrio porteño de Puerto Madero. Tenía un disparo en la cabeza y, a su lado, se encontró una pistola calibre .22.
Según la reconstrucción de los hechos, Nisman tenía previsto pasar el fin de semana en su departamento preparando la exposición que daría en el Congreso. Sus custodios intentaron contactarlo sin éxito durante el domingo por la mañana, pero no dieron aviso a sus superiores hasta horas más tarde, una demora que sería objeto de investigación. Ante la falta de respuesta, se convocó a Sara Garfunkel, madre del fiscal, quien tenía una llave y la clave de acceso al departamento. Acompañada por custodios, intentó ingresar varias veces. Finalmente, cerca de las 22:30, un cerrajero logró abrir la puerta. Sara Garfunkel y el custodio Armando Niz ingresaron al departamento. Encontraron las luces apagadas, los diarios sin recoger en la puerta y, finalmente, la luz del baño encendida. Al abrir la puerta, hallaron el cuerpo sin vida de Nisman en el piso, junto a la bañera.
El arma encontrada en la escena, una pistola Bersa calibre .22, resultó ser propiedad de Diego Lagomarsino, un técnico informático que trabajaba como asistente de Nisman. Lagomarsino declaró haberle prestado el arma a Nisman ese mismo sábado 17 de enero, a pedido del fiscal, quien supuestamente temía por su seguridad y la de sus hijas y no confiaba en su custodia. Sin embargo, la justicia descree de esta versión, considerándola parte de un plan para simular un suicidio.

Determinar el horario exacto de la muerte ha sido uno de los puntos más controvertidos. Si bien las primeras pericias ubicaron el deceso en la mañana del domingo 18, la pericia clave de Gendarmería, que sostuvo la hipótesis del homicidio, lo fijó alrededor de las 2:46 de la madrugada del domingo. La falta de una medición de la temperatura corporal y ambiental en la escena del crimen en el momento del hallazgo fue señalada como una irregularidad crucial que dificultó establecer una hora precisa de muerte.
Las Alarmantes Irregularidades en la Escena del Crimen
Uno de los aspectos más criticados y que más alimentó las sospechas sobre lo ocurrido fue la caótica gestión de la escena donde fue encontrado el cuerpo de Nisman. El departamento se convirtió, según las descripciones, en un lugar por donde desfilaron decenas de personas, muchas de ellas sin el equipamiento forense adecuado (guantes, calzado protector), lo que pudo haber contaminado o destruido pruebas. Se reportó que algunas personas incluso se sentaron en la cama del fiscal.
La manipulación del arma también fue objeto de críticas. Un perito habría deslizado su dedo por la corredera, borrando posibles huellas dactilares. La pistola fue luego apoyada sin los resguardos necesarios. Estas y otras fallas en el procedimiento de recolección de pruebas fueron decisivas, según los investigadores judiciales posteriores, para impedir una rápida identificación de los autores del crimen. El fiscal Taiano ha enfatizado que estas irregularidades no fueron accidentales, sino que contribuyeron a crear una escena que apuntalara la hipótesis del suicidio y dificultara la investigación del homicidio.
Otra irregularidad señalada fue la posible vía de escape que, aparentemente, no fue detectada en la primera inspección: una puerta metálica en la cocina que daba a un espacio de aire acondicionado y comunicaba con el departamento vecino. Las cámaras de seguridad del edificio también presentaron problemas: algunas no funcionaban, otras tenían saltos temporales en sus grabaciones y existían puntos ciegos que, teóricamente, permitirían a alguien entrar y salir sin ser visto.
Los Procesados: ¿Partícipes o Encubridores?
A pesar de que la justicia sostiene que Alberto Nisman fue víctima de un homicidio, hasta el momento, nadie ha sido procesado como autor material o intelectual del crimen. Las cinco personas procesadas en la causa lo están por delitos relacionados con la muerte, pero no como ejecutores directos.
El caso más complejo es el de Diego Lagomarsino, el perito informático y asistente de Nisman. Está procesado como partícipe necesario del homicidio por haber provisto el arma que causó la muerte del fiscal. La justicia considera que, dada su relación de confianza con Nisman, Lagomarsino fue la persona utilizada para introducir el arma en el departamento, facilitando así el plan para simular un suicidio. Lagomarsino, por su parte, siempre sostuvo que Nisman le pidió el arma y que fue un "autodisparo".
Los otros cuatro procesados son los custodios de Nisman: Rubén Benítez, Luis Miño, Armando Niz y Néstor Durán. Están procesados por incumplimiento de los deberes de funcionario público por haber abandonado la consigna de seguridad en reiteradas ocasiones y por lapsos prolongados aquel fin de semana. Para los investigadores, esta omisión facilitó el accionar de los asesinos y permitió la manipulación de la escena. Además, Benítez, Miño y Niz están procesados por encubrimiento de homicidio, sospechándose que sus acciones u omisiones buscaron beneficiar a los autores del crimen o desviar la investigación.

El Intrincado Mundo del Espionaje y su Sombra
La muerte de Nisman no puede analizarse sin considerar el complejo y a menudo oscuro rol de los Servicios de Inteligencia. Los días previos a su fallecimiento estuvieron marcados por una reconfiguración en la cúpula de la Secretaría de Inteligencia (SIDE), con la salida de figuras históricas como Antonio "Jaime" Stiuso, quien había trabajado estrechamente con Nisman en la causa AMIA.
Stiuso declaró en la causa y afirmó estar convencido de que Nisman fue asesinado, sosteniendo que tanto él como el fiscal se habían convertido en un "obstáculo" para el cumplimiento del Memorándum con Irán. Mencionó amenazas que Nisman habría recibido y la existencia de una "inteligencia paralela" operando.
La investigación ha intentado desentrañar la posible participación o conocimiento de agentes de inteligencia en los hechos. Se investigó una red de contactos entre espías en las horas previas y posteriores a la muerte. Se detectó un intento de hackeo al teléfono de Nisman con un virus, supuestamente por parte de personas con acceso a claves de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI). Se sospecha que Lagomarsino podría haber tenido un vínculo mayor al admitido con los Servicios de Inteligencia.
La presencia de agentes de inteligencia, tanto "orgánicos" (oficiales) como "inorgánicos" (colaboradores informales), en las inmediaciones del departamento de Nisman aquel fin de semana es una de las líneas de investigación. Aunque no siempre pudo probarse su "trazabilidad" directa, existen elementos que abonan esta presunción, como la presencia de un integrante de Prefectura Naval con tareas de inteligencia en la zona o la misteriosa desaparición de un vendedor de diarios. La vulnerabilidad de la seguridad del edificio Le Parc y el fácil acceso a sus sistemas (cámaras, wifi) también son considerados.
Además, se confirmó que hubo tareas de espionaje sobre la fiscalía que inicialmente investigó la muerte de Nisman, a cargo de Viviana Fein. Testimonios de agentes de la AFI confirmaron que la orden para realizar inteligencia sobre la fiscalía provino de la cúpula del organismo, entonces liderado por Oscar Parrilli.
Los cruces de llamados telefónicos de aquel fin de semana revelaron un intenso contacto entre altos funcionarios del gobierno y figuras vinculadas a la seguridad y la inteligencia, incluyendo a Oscar Parrilli, Juan Martín Mena (número 2 de la AFI), César Milani (jefe del Ejército) y Hugo Matzkin (jefe de la Policía Bonaerense). Si bien se han ofrecido explicaciones alternativas para estas comunicaciones (como el robo de un misil o la seguridad de un partido de fútbol), la justicia investiga si estuvieron relacionadas con el caso Nisman.

Otros Misterios Sin Resolver
El expediente Nisman está plagado de cabos sueltos y misterios que aún no tienen una explicación clara. Uno de ellos es el sospechoso incendio ocurrido en el subsuelo de la Casa Rosada la noche previa a la muerte del fiscal. Las llamas destruyeron los registros de ingresos y egresos de la sede presidencial que Nisman había solicitado para su investigación. La copia de resguardo también se perdió al encontrarse en el mismo disco.
La Cámara Federal, al revisar los procesamientos de los custodios, también mencionó que las cámaras de seguridad de la Quinta de Olivos (residencia presidencial) dejaron de funcionar súbitamente aquel fin de semana. Meses después de la muerte de Nisman, apareció el cuerpo calcinado de una mujer no identificada a metros de su domicilio, un hecho que, si bien no está formalmente vinculado, generó suspicacias.
La investigación también se topó con la presencia de agentes de inteligencia, orgánicos e inorgánicos, en la zona de Le Parc que no pudieron justificar plenamente su presencia. La figura de Ariel Zanchetta, un espía inorgánico detenido años después en otra causa, apareció con información de primer nivel relacionada con la inteligencia militar que manejaba César Milani, cuyo presupuesto había crecido significativamente.
Aunque la justicia ha avanzado en la confirmación del homicidio y el procesamiento de personas por su participación o encubrimiento, la identidad de los autores materiales y, sobre todo, de quienes ordenaron el crimen, sigue siendo el gran enigma. La complejidad del caso, la aparente manipulación de la escena, la interferencia de los Servicios de Inteligencia y la magnitud de la denuncia que Nisman estaba a punto de presentar, configuran un escenario donde la verdad completa parece aún esquiva.
El Legado de Nisman: La Causa y la Percepción Pública
Diez años después de su muerte, la figura de Alberto Nisman y las circunstancias de su fallecimiento siguen dividiendo a la sociedad argentina. Mientras que un sector, respaldado por la conclusión judicial actual, está convencido de que fue asesinado por su trabajo y su denuncia, otro sector, que incluyó a funcionarios del gobierno de entonces, sostuvo y sostiene la hipótesis del suicidio, vinculándola a la supuesta falta de pruebas para sostener su acusación.
La denuncia original de Nisman contra Cristina Kirchner por encubrimiento del atentado a la AMIA también siguió su propio camino judicial, aunque con lentitud y vaivenes. Tras ser desestimada inicialmente, fue reabierta y, finalmente, la Corte Suprema argentina definió en septiembre de 2023 que la expresidenta deberá enfrentar un juicio oral por esa acusación, aunque sin fecha de inicio definida aún. La causa AMIA, el origen de todo, tampoco ha logrado cerrar el círculo de justicia para las víctimas y sus familiares.
El gobierno actual, encabezado por Javier Milei, ha calificado públicamente la muerte de Nisman como un «asesinato» y ha expresado su confianza en que la justicia continúe investigando para que el crimen no quede impune. También ha solicitado la desclasificación de toda la información de inteligencia relacionada con el caso, un paso que podría arrojar luz sobre los aspectos más oscuros de la investigación.

La Voz de las Hijas: Un Dolor que Persiste
En el décimo aniversario de la muerte de su padre, Iara (25) y Kala (18), hijas de Alberto Nisman y de la jueza Sandra Arroyo Salgado, hablaron públicamente sobre lo ocurrido. Ambas manifestaron que nunca dudaron de que la muerte de su padre fue un homicidio. Iara recordó el momento en que su padre interrumpió abruptamente sus vacaciones en Europa para regresar a Argentina a presentar la denuncia, y la explicación que él le dio sobre la importancia de lo que iba a hacer. Kala, por su parte, compartió el doloroso recuerdo de cómo se enteraron de la noticia mientras estaban de viaje con su madre y hermana. A pesar de las amenazas que, en algún momento, estuvieron dirigidas a ellas, afirmaron no haber vivido con miedo constante, aunque sí con la conciencia de la peligrosidad del trabajo de su padre. Para ellas, Nisman «dio su vida por algo que él creía justo y que creía importante», un sentimiento que, a pesar del dolor, les genera cierto reconfortamiento.
Preguntas Frecuentes sobre el Caso Nisman
¿De qué murió Alberto Nisman?
Según la conclusión judicial actual, Alberto Nisman murió a causa de un disparo de arma de fuego en la cabeza, y su muerte es investigada como un homicidio. Inicialmente, se barajó la hipótesis del suicidio, pero las pericias y la investigación posterior llevaron a la justicia a descartarla.
¿Qué investigaba el fiscal Nisman?
Alberto Nisman era el fiscal a cargo de la investigación del atentado terrorista contra la AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina) ocurrido en 1994. Acusaba a Irán de haber planificado el ataque y a la milicia Hezbolá de haberlo ejecutado.
¿Quiénes están procesados por la muerte de Nisman?
Actualmente, hay cinco personas procesadas en la causa: Diego Lagomarsino, procesado como partícipe necesario por haber provisto el arma, y los cuatro custodios de Nisman (Rubén Benítez, Luis Miño, Armando Niz y Néstor Durán), procesados por incumplimiento de deberes de funcionario público y, tres de ellos, también por encubrimiento de homicidio.
¿Se sabe quiénes fueron los autores materiales o intelectuales?
No. A pesar de que la justicia considera que Nisman fue asesinado por dos personas que ingresaron a su departamento, la investigación, diez años después, aún no ha logrado identificar ni a los autores materiales (quienes ejecutaron el disparo) ni a los autores intelectuales (quienes ordenaron el crimen).
El Misterio que Persiste
La muerte del fiscal Alberto Nisman sigue siendo una herida abierta en la sociedad argentina. Un caso que combina elementos de terrorismo internacional, política interna, encubrimiento, fallas judiciales y el oscuro universo de los Servicios de Inteligencia. A pesar del voluminoso expediente y de la firme conclusión judicial de que se trató de un homicidio, la identidad de los responsables directos permanece en la sombra. La búsqueda de justicia continúa, en un laberinto donde cada nueva pista parece abrir más interrogantes. El enigma de la muerte de Alberto Nisman, el fiscal que se atrevió a denunciar a la cúpula del poder por el encubrimiento de un atentado, es un recordatorio de las complejidades y tensiones que atraviesan la historia reciente de Argentina, un misterio cuya resolución es reclamada por muchos como un paso fundamental para la verdad y la justicia en el país.
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